Siete propuestas para mejorar la educación superior en Colombia

En Colombia se está hablando de Educación Universitaria desde hace más de 300 años. Por fortuna, la educación ha pasado de ser privilegio de unos muy pocos para convertirse en tema de interés nacional. Estamos convencidos que es el camino para lograr un verdadero desarrollo. Estas son las siete propuestas para mejorar la educación superior en Colombia:

  1. Proteger la Autonomía Universitaria con responsabilidad
  2. Mejorar la Calidad
  3. Promover la Innovación en todas las áreas del conocimiento
  4. Pertinencia como forma adecuada de trabajar de manera articulada entre las universidades, el sector productivo en las regiones y la Nación
  5. Fortalecer la Internacionalización
  6. Ampliar la cobertura y garantizar equidad
  7. Asegurar el Financiamiento

Hoy en nuestro País persiste la diversidad de las Universidades, en sus formas de administración y su filosofía, a pesar de estar todas reglamentadas en la Ley 30 de 1992. Para entender el presente es muy importante conocer la historia. Los modelos universitarios originarios que retomamos en Colombia y en América Latina son básicamente los de universidades alemanas y británicas que incidieron en el modelo Norteamericano. La Universidad de Berlín, por ejemplo, entendía el saber como el camino a la perfección del hombre; lo pragmático es su consecuencia lógica, no su objeto fundamental. Su esencia era la "Universidad al servicio de las ideas". Por su parte, la Universidad Inglesa (Oxford, Cambridge) se creó para educar al hombre, "La Universidad al servicio de la persona". Y la Universidad Norteamericana, por su parte, se caracteriza por el respeto a la pluralidad y a la autonomía educativa, habla de la investigación al servicio del Estado y la Empresa. Su esencia es "La Universidad al Servicio del Servicio". Bajo esos preceptos ha venido avanzando la Universidad Colombiana. Las primeras -desde la época colonial-, con el sello de comunidades religiosas, se preocuparon por la formación integral, educar a la persona y que sus conocimientos sirvieran para la sociedad. Hoy en día, tenemos un Sistema de Educación Superior donde conviven armoniosamente las Universidades privadas y públicas, hecho que es realmente una fortaleza para el país.
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Rodrigo Noguera Lavorde escribió de Roberto Gerlein

"Roberto Gerlein Echeverría, no necesita presentación. Es un personaje ampliamente conocido en Colombia.
Posee una rica formación cultural, particularmente filosófica y humanística, que le ha permitido no solo conocer y exponer los grandes problemas del país, sino proponer soluciones en su mayoría acertadas.

Es un escritor fácil y de pluma elegante; un orador fogoso, un político, no solamente en el sentido colombiano de esta palabra, sino también en la concepción helenística del término. Es él, además, un amigo sincero y honesto.

Preocupado siempre por los grandes problemas del país, proponiendo soluciones viables para combatir el narcotráfico, para las relaciones económicas y culturales entre el estado y el sector privado, para frenar los desequilibrios regionales, para la miseria absoluta y para el serio problema que afronta el sector agropecuario".



Proyectos de Ley

  1. Proyecto de Ley del 25 de agosto de 2010

  2. Proyecto de Ley del 18 de agosto de 2010

  3. Proyecto de Ley del 9 de agosto de 2010

  4. Proyecto de Ley del 5 de agosto de 2010

  5. Proyecto de Ley del 11 de marzo de 2008

  6. Proyecto de Ley del 14 de agosto de 2007

  7. Proyecto de Ley del 30 de julio de 2006


Miro con entusiasmo las conversaciones de paz de la Habana

La paz siempre nos ha sido esquiva a los colombianos. Casi toda nuestra historia es de enfrentamientos con los desastres que ellos han significado. Desde los albores de nuestra existencia la sangre es el hilo conductor de la historia. Los conquistadores, los encomenderos, la colonia, la independencia, las guerras civiles del siglo XIX, la guerra de los mil días, la violencia política, las guerrillas comunistas, el 9 de abril y la toma del Palacio de Justicia son las variables que han cincelado el discurrir de nuestra existencia como nación. Es absolutamente indispensable que este continuo trasegar de los violentos sea suprimido. Miro con entusiasmo las conversaciones de paz de la Habana. Ojalá culminen en un acuerdo para que los violentos entreguen sus armas a cambio de una justicia transicional. Es hora que el terrorismo abandone los fusiles y se inicien los discursos. La selva y las balas deben dar paso a la plaza pública y a la música popular. Esperemos que el año entrante, además de desarrollo económico y cambio social, nos signifique avanzar, de una vez por todas, por los caminos de la concordia y de la paz.



Política Penitenciaria

Colombia, por desgracia, se ha convertido en un país carcelero. Cada día se tipifican mas y mas conductas como delitos. 50 años de guerra nos han vuelto insensibles ante las desgracias y necesidades de 120 mil reclusos y de sus familias. Las prisiones están convertidas en escuelas del crimen. No hay resocialización para preparar al recluso a una eventual libertad. Los presos se pudren en vida en las cárceles. No tienen atención hospitalaria y el hacinamiento es horrible. El Estado colombiano tiene que enfrentar este drama con el mismo interés con que se apecha de la salud o del ingreso de los colombianos.



Estructura del poder en Colombia y el Conservatismo

El poder, fenómeno constante en la vida de los hombres no pertenece a una sola de las ciencias sociales. La filosofía, la sicología y la ciencia política lo analizan conforme al objeto específico de cada una de ellas. Al sicólogo lo motiva su incidencia en la conducta individual. Al sociólogo le interesa su anatomía y su resonancia en los grupos humanos. Al político le preocupa, sobre todo, su ejercicio.

No es fácil el estudio científico del poder. Aquellos que lo detentan se esfuerzan en ocultarlo. Las relaciones de poder, uno de cuyos extremos tiene la posibilidad de imponer castigo al otro, engendran, casi automáticamente, una reacción desfavorable en el sujeto pasivo de ellas. La moderna técnica de las relaciones públicas procura hacer más llevaderas, menos odiosas, más sutiles, estas consecuencias inevitables del poder. Sus titulares, conocedores profundos de la dinámica de mando, realizan grandes esfuerzos, aun económicos, para impedir que se les identifique. Quienes tienen control sobre el poder no escriben sobre su estructura o sus modalidades. Quienes estudian el poder, por regla general, no lo manejan. Y sólo conocemos sobre el tema lo poco que se ha filtrado a la comunidad del pensamiento íntimo de los poderosos y la experiencia personal que hemos tenido en los contactos con el poder.

De otra parte, el poder, en su aspecto formal, ha sido exhaustivamente analizado y tratado. El derecho constitucional y el derecho público, en general laboran sobre la estructura del Estado y las competencias adscritas a los diferentes órganos del poder público. Determinan qué pueden hacer y qué les está prohibido a los funcionarios y a los particulares. Describen sus facultades y precisan los instrumentos de acción del Ejecutivo. Pero no dicen quienes, por fuera de la estructura legal, toman las decisiones que motivan al conjunto del poder público para actuar en determinado sentido y proteger, aun con la fuerza, la vigencia de esas decisiones.

En este ensayo se estudiará, primordialmente, el aspecto sustancial de la estructura del poder, que como dice Duverger, es siempre “la resultante de un par de fuerzas antagónicas: la creencia, por una parte; las necesidades prácticas, por otra”.